Del caucho hasta las protocélulas: la evolución del calzado deportivo

Desde un símbolo de status social, hasta ganar la popularidad que hoy en día tiene, el calzado deportivo pasó por infinitas fases en su evolución. Hoy, usar zapatillas ya no es reflejo de una posición social ni de una categoría de deportista. Nadie está exento de esta tendencia que delimita nuestros outfits día a día. Llevar zapatillas es sinónimo de comodidad a toda hora. En el trabajo, en momentos de ocio, para salir a bailar o entrenar son parte de una transformación social y cultural que se viene forjando hace años.

Y como en el #VitnikLAB no queríamos quedarnos afuera de esta tendencia, planificamos una capacitación en Diseño de Calzado Deportivo para el próximo mes donde vas a poder conocer desde la moldería de una zapatilla hasta los materiales y herramientas necesarios para lograr el mejor resultado. Sin embargo, mientras esperamos que arranque, te contamos su evolución a lo largo de la historia.

Lo más parecido a lo que conocemos hoy como una zapatilla deportiva comenzó a formarse a principios del siglo XIX cuando los fabricantes de caucho para ruedas de bicicletas y autos empezaron a reutilizar el producto que sobraba de distintas maneras, entre ellas, para las suelas de zapatillas. Plimsolls en Inglaterra o las llamadas popularmente sneakers en EEUU, tuvieron su momento de auge gracias al caucho vulcanizado patentado por la empresa Good Year en 1839.

Sin embargo, no fue hasta 1920 que la compañía Ritchings creaba la primera zapatilla diseñada específicamente para correr. Eran zapatos finos con suela de goma crepé, material derivado del caucho, no pesaba más de 284 gramos y tenia un acabado de cuero en la parte superior. Dicha goma crepé era bastante rugosa y resistente a la abrasión.

Aunque todo parecía ir de maravilla para los atletas, necesitaban mayor agarre en el terreno y fue 20 años más tarde cuando una compañía inglesa fabricó calzado de tacos puntiagudos con tachuelas en la parte delantera de la suela para mejorar el agarre y la estabilidad. Mientras esto sucedía, en 1933, fue la marca P.F. Flyer quien patentó la tecnología de la plantilla Posture Foundation innovando no solo en comodidad sino también en rendimiento para correr y caminar.

No obstante, en el momento en que el atleta Shegeki Tanaki ganó el Maratón de Boston en 1951 se dejó de pensar en un producto entero que cubriera los dedos de los pies. El japones contaba con unas zapatillas deportivas que dividían el dedo gordo del pie del resto gracias al diseño de un compartimiento individual.

Hasta entonces, estos diseños de calzado deportivo eran exclusivos y personalizados para un grupo de deportistas de alto rango. No fue hasta que New Balance lanzó su modelo Trackster que se masificó la oferta de este tipo de calzado. Este diseño, incorporaba en la suela ondulaciones pronunciadas para prevenir calambres en las piernas y pesaba menos de 312 gramos.

Al popularizarse el uso de zapatillas deportivas no sólo para ejercitarse sino también para momentos de ocio, fueron inaugurándose las primeras tiendas destinadas a la venta de calzado deportivo como Athlete’s Foot y la Athletic Attic.

Dos de los eventos más importantes en la evolución de la cultura de las zapatillas deportivas contemporáneas, fueron el lanzamiento de los Air Jordan en 1985 y la alianza de Adidas con el popular grupo de hip hop neoyorquino Run-DMC en 1986.

Grandes inventos para la época empezaron a revolucionar el mercado. Un pegamento especial para suelas comenzó a expandirse por todo el mundo y si bien extendía la vida útil del zapato, generaba fuertes sonidos al contacto con la superficie y en épocas con excesivas precipitaciones se desprendían con facilidad.

Fue recién en ese momento de la historia, cuando la empresa Nike lanzó el Nike Waffle que incluía en su diseño al género femenino, ya que producía cortes más estrechos para las hormas.

Años siguientes siguieron los inventos en relación al calzado deportivo pero sin dejar de lado la salud y el rendimiento físico. Integrar en el zapato vinilo, acetato y etileno para la entre suela fue la mezcla que, junto con la añadidura de una cuña, ayudó a controlar la pronación del pie (giro natural del pié al caminar). El acolchado y control de movimiento fue importante para saber cómo han evolucionado las zapatillas en el tiempo.

Comenzando el 2000, vino el lujo y las primeras aproximaciones a la tecnología. Adidas y su modelo llamado Micropacer, el la primer marca en inauguraron este ciclo. Traía un podómetro electrónico, de pantalla LCD monocroma, en la cual era posible verificar el número de pisadas, calorías consumidas y tiempo total en la carrera. En 2006, Nike (con el apoyo de Apple) lanzó Nike+ un aparato encargado de sincronizar datos referentes al ejercicio deportivo.

En la actualidad, la competencia de las empresas gira en torno a lo ligero. Buscan que el calzado sea lo menos pesado posible  para facilitar el desplazamiento rápido y evitar lesiones. Amortiguación máxima, minimalismo, sistemas electrónicos integrados, maximalismo, zapatillas creadas con impresión 3D, estabilidad, retorno de energía, flexibilidad, son algunos de los tantos avances y atributos que vemos hoy en día.

También, es importante señalar que, las grandes marcas empezaron a trasladar todas estas ventajas exclusivas del sector deportivo a zapatillas “más urbanas” brindando tecnología desarrollada para el uso más cotidiano y ordinario. De esta manera es como vemos “looks de oficina” con zapatillas deportivas que brindan comodidad y satisfacción.

Si pensamos a futuro, se estima que para el año 2044, se utilicen protocélulas, material sintético con propiedades de materia orgánica y que se reparen por sí mismos cuando estén deteriorados. ¿Estamos preparados para esto?